lunes, 29 de agosto de 2011

Reflexion biblica

HECHOS 3:1-6

1 Cierto día subían Pedro y Juan al templo a las tres de la tarde, que es la hora de la oración. 2 Junto a la puerta llamada Hermosa había un hombre lisiado de nacimiento, al que todos los días dejaban allí para que pidiera limosna a los que entraban en el templo. 3 Cuando éste vio que Pedro y Juan iban a entrar, les pidió limosna. 4 Pedro, con Juan, mirándolo fijamente, le dijo:—¡Míranos! 5 El hombre fijó en ellos la mirada, esperando recibir algo. 6 —No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!
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Los apóstoles y los primeros creyentes asistían al servicio de adoración en el templo a la hora de la oración. Parece que Pedro y Juan fueron llevados por dirección divina a obrar un milagro en un hombre de más de cuarenta años, inválido de nacimiento. En el nombre de Jesús de Nazaret, Pedro le manda levantarse y caminar. Así, si intentamos con buen propósito la sanidad de las almas de los hombres, debemos ir en el nombre y el poder de Jesucristo, llamando a los pecadores incapacitados que se levanten y anden en el camino de la santidad por fe en Él. ¡Qué dulce para nuestra alma es pensar que el nombre de Jesucristo de Nazaret puede hacernos íntegros, respecto de todas las facultades paralizadas de nuestra naturaleza caída! ¡Con cuánto gozo y arrobamiento santo andaremos por los atrios santos cuando Dios Espíritu nos haga entrar en ellos por su poder!

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